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La terraza del café Deux Magots ofrecía una vista perfecta de la esquina donde Café de Flore desplegaba sus mesas bajo toldos color crema. Valeria observaba desde su posición estratégica, los dedos tamborilenado nerviosamente sobre la taza de café que había dejado enfriar hace media hora. Enzo estaba a su lado, tan quieto que parecía tallado en piedra, mientras Carmen y Lucía compartían un par de auriculares conectados al receptor que captaba cada palabra pronunciada cerca del micrófono oculto d