La luz del apartamento de Carmen había adquirido esa cualidad opresiva que solo existía cuando demasiadas personas compartían un espacio diseñado para la soledad. Valeria observaba las sombras proyectadas por las lámparas de pie mientras permanecía sentada en el sofá, sus manos descansando sobre su vientre en un gesto que se había vuelto automático. El silencio posterior a la confesión de Marcus Webb sobre su adicción al juego y su rechazo al Consorcio se había extendido durante varios minutos,