El teléfono en la mano de Valeria se sentía como algo vivo y peligroso. El nombre en la pantalla—Carmen Vega—parpadeaba con cada timbrazo, esperando decisión que podía cambiar todo o confirmar peor traición imaginable.
Los cuatro estaban parados en el pasillo del hospital, formando círculo cerrado alrededor del dispositivo como si fuera bomba a punto de explotar. Enzo tenía su mandíbula apretada de manera que hacía visible el músculo pulsando. Isabella había cerrado su laptop pero la sostenía co