El video se detuvo en la pantalla con la imagen congelada de Isabella atada a esa silla metálica, y el silencio que siguió fue tan denso que parecía solidificarse en el aire de la sala de operaciones. Valeria permanecía paralizada frente al monitor, sus ojos fijos en el rostro de su amiga mientras procesaba las palabras de Vincenzo que aún resonaban en sus oídos como una sentencia de muerte.
Sola. Mañana al mediodía. Villa en Tánger.
Enzo fue el primero en romper el silencio, su voz cortando el