La luz del amanecer se filtraba entre las cortinas de lino blanco, proyectando sombras suaves sobre la cama king-size. Valeria abrió los ojos lentamente, su cuerpo todavía entrelazado con las sábanas de algodón egipcio. Junto a ella, Enzo dormía profundamente, su respiración pausada y tranquila. Las canas en sus sienes brillaban con la luz matutina, haciéndolo parecer distinguido, maduro. Diferente al hombre con quien se había casado hacía tantos años.
Habían pasado cinco años. Cinco años compl