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La noche del bosque era una trampa de sombras y susurros. Valeria corría con los pulmones ardiendo, cada inhalación un cuchillo de hielo que le atravesaba el pecho mientras sus pies tropezaban con raíces invisibles en la oscuridad. Detrás de ella, escuchaba los pasos de Enzo, su respiración entrecortada mientras cargaba a los gemelos contra su pecho. Lorenzo iba en brazos de Carmen, sus sollozos ahogados contra el hombro de la mujer mientras Viktor abría camino con una linterna que apenas ilumin