Mundo ficciónIniciar sesiónLa madrugada se extendía como un manto oscuro sobre la ciudad mientras Enzo Costa conducía su Maserati a una velocidad que rozaba lo temerario. Las luces de la autopista se desdibujaban en líneas amarillentas que apenas registraba en su visión periférica. Sus nudillos, blancos por la presión con que aferraba el volante, eran el único indicio visible de la tormenta que rugía en su interior.
El recuerdo de Valeria sonriendo junto a







