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La luz del viernes por la tarde se filtraba por los ventanales del taller, creando patrones dorados sobre las mesas de trabajo donde las telas de la nueva colección primavera-verano esperaban ser transformadas. Valeria ajustó el último alfiler en el maniquí, observando cómo la seda coral caía en pliegues perfectos. Dos semanas habían transcurrido desde aquella noche en el Palacio de la Zarzuela, dos semanas intentando reconstruir una normalidad que se sentía tan frágil como el encaje que ahora s