Lourdes miraba al ejecutivo sentado sobre la mullida alfombra jugando junto a Dylan en las pistas enormes e intrincadas que había en esa habitación. Solo ver la sonrisa de su hijo hizo que creyera de que había valido la pena ir allí, pese a la incomodidad que le generaba.
-¡Gané!- Gritó Dylan y agitó sus manos a modo de celebración
-No me lo puedo creer- El empresario estaba sorprendido porque su coche se había salido de la pista otorgándole una considerable ventaja a Dylan
-No puedes se