Lourdes debió reconocer que aquel ejecutivo poderoso y adinerado había dejado su cocina inmaculada. No solamente había lavado los platos, sino que también había limpiado más de lo debido y en poco tiempo.
-Fue una noche estupenda, pero es hora de irme. Quiero estar descansado para enseñarle a este niño mis juguetes- le guiñó un ojo a Dylan
-Ya quiero que sea mañana- Dijo el pequeño con emoción
-También yo. No recibo muchas visitas, pero será estupendo que pasen el día conmigo. Muchas gr