(Narrado por Connor)
El eco de las risas en la camioneta se había disipado, dejando paso a una tensión de un tipo muy distinto mientras subíamos las escaleras de casa. La adrenalina del incidente en el hotel se había transformado en un hambre voraz, una necesidad de reafirmar que, a pesar del caos, de los Novak y de las interferencias externas, Maya estaba aquí, conmigo.
Al cruzar el umbral de nuestra habitación, la luz de la luna se filtraba por los ventanales, bañando la cama de roble en tono