Mundo ficciónIniciar sesiónEl silencio que siguió a la tormenta era denso, casi tangible. Maya estaba recostada contra mi pecho, su respiración aún entrecortada sincronizándose con los latidos de mi corazón, que martilleaba con una fuerza sorda. Mis dedos trazaban perezosamente la línea de su columna, sintiendo la suavidad de su piel marcada por el sudor y el roce de







