El ambiente en la mansión era tenso. Un médico privado, de absoluta confianza de la familia Cavallaro, ya esperaba en una de las salas privadas para realizar la extracción de sangre. Alessia caminaba de un lado a otro, con los nervios a flor de piel. Le dolía el alma tener que someter a su pequeña a esto, pero sabía que no tenía escapatoria.
Cuando llegó el momento, Alessia sentó a Daniela en su regazo, abrazándola con fuerza.
—Cariño, el doctor solo va a darte un pequeño pinchacito, como la pi