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Capitulo 7: Cicatrices del Pasado

Capitulo 7: Cicatrices del Pasado

Las palabras de Killian flotaron en el aire como una sentencia de muerte. Alessia sintió una náusea violenta subir por su garganta. El hombre que la había aterrorizado en el club, el que ahora ocupaba su sofá con arrogancia, era el mismo que cinco años atrás había destrozado su inocencia en una noche de tormenta.

—Vete —dijo ella, con una voz que nació desde lo más profundo de su pecho, cargada de un odio que incluso a él lo sorprendió.

Killian arqueó una ceja, su expresión permaneciendo estoica.

—Alessia, tenemos que discutir el futuro de esa niña. Si ella es...

—¡Ella no es nada tuyo! —gritó, poniéndose de pie de un salto, con las lágrimas desbordándose por sus mejillas—. Fuiste una pesadilla que intenté borrar cada día de mi vida. Te ayudé, te salvé la vida cuando te estabas desangrando, ¿y cómo me pagaste? Me usaste, me rompiste y te fuiste antes de que saliera el sol.

“Su dolor es real”, pensó Killian, sintiendo una punzada de algo parecido al remordimiento, una emoción que no sentía desde hacía décadas. “No es solo miedo al monstruo, es el peso de lo que le hice”.

—No era yo mismo, la droga... —intentó decir él, pero ella lo interrumpió con una risa amarga.

—¡No me importa! No quiero tu dinero, no quiero tu apellido y, por Dios, no te quiero a ti cerca de mi hija. ¡Vete de mi casa ahora mismo antes de que llame a la policía!

Killian se levantó lentamente, recuperando su máscara de líder de la mafia. Su altura parecía absorber toda la luz de la pequeña sala.

—Sabes que la policía no puede hacerme nada —dijo con voz gélida—. Me iré por hoy, Alessia. Pero no creas que esto termina aquí. He visto sus ojos... y son los míos. Mañana vendré por una respuesta definitiva.

Él caminó hacia la puerta, pero se detuvo antes de salir, mirando una última vez hacia el pasillo donde jugaba Daniela. Sin decir más, cerró la puerta tras de sí, dejando a Alessia derrumbada en el suelo, sollozando en silencio mientras intentaba procesar que su mayor secreto había sido descubierto por el hombre más peligroso del país.

Alessia se quedó en el suelo, abrazando sus rodillas mientras el eco de la puerta al cerrarse retumbaba en su cabeza. “No puede ser él, Dios, no él”, repetía en su mente. Cada vez que miraba a Daniela, veía la luz de su vida, pero ahora esa luz tenía el reflejo de un monstruo.

En la calle, Killian subió al auto. Sus manos, que nunca temblaban al apretar un gatillo, se aferraron al volante con fuerza.

“Cinco años buscando una sombra y la tenía frente a mí en ese club”, pensó. La rabia por su propia amnesia lo consumía, pero más aún la chispa de posesión que sentía hacia esa niña... y hacia la mujer que lo había desafiado.

—Señor, ¿qué hacemos? —preguntó su guardaespaldas.

—Vigilen la casa. Si intenta sacar una maleta, la suben al auto. No va a escapar de mí.

Dentro, Alessia corrió al cuarto de Daniela. La vio jugar y el pánico se convirtió en resolución. No podía quedarse. Abrió el armario y sacó un bolso viejo, metiendo ropa a toda prisa mientras las lágrimas nublaban su vista.

“Tengo que salvarla de su propio padre”, se dijo, sin saber que desde las sombras de la calle, los ojos de la Bestia ya habían marcado su destino.

S.P Rivers

"Al final, la Bestia no necesitaba ser domada, solo necesitaba a alguien que no temiera quemarse en su infierno."

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