ELENA
El zumbido de los motores del jet de Sterling era el único sonido que llenaba la cabina, un eco metálico que parecía vibrar en mis propios huesos.
Me miré las manos; todavía tenían rastros de la pólvora de la pista de aterrizaje y la marca roja de las cuerdas que Sterling me había apretado.
Alaric estaba a mi lado, con los ojos cerrados, pero sabía que no dormía.
Su respiración era pesada, y la mancha de sangre en su costado se había detenido, pero el daño psicológico de haber estado a