Capítulo 2: ¿Qué rayos sucede?

Tras lo ocurrido, los días pasaron y la vida para Diana siguió tal como si nada hubiese ocurrido o al menos eso era lo que ella intentaba hacer. Ella por su parte, entendía que Giovanni debía estar seguro de que ella no iba a mencionar nada, ¿Cómo lo haría? No se sentía para nada orgullosa de esa noche; además, para comenzar, la pregunta en el aire era, ¿Qué había ocurrido?

--- Flashback ---

—¿Diana? —pronunció Giovanni sorprendido por la extraña casualidad.

—Hola —saludó la joven desde donde esta se encontraba.

—¿Qué haces aquí? ¿No se supone que estabas castigada?

Diana abrió los ojos como platos al sentirse descubierta, por lo que lentamente trato de alejarse de ahí.

Giovanni normalmente procuraba mantener su distancia con aquella joven pues, no era un secreto que ella sentía cierta atracción hacía él desde que apenas eran unos niños.

—¡Diana! ¿Con quién viniste? —preguntó él acercándose a la joven.

—Con Adrián… —respondió ella de un modo cortante.

—A tu madre no le gusta ese chico…

—A mi madre no le gusta nadie; mi madre quisiera que hubiera dos Gio, pero, para su desfortuna, en el mundo solo existe uno. —dijo la joven sintiendo una punzada en la panza.

—¿Gustas sentarte? —extrañamente Gio lanzó esa pregunta como si fuese cualquier cosa.

Diana miró la mesa, supuso que por ahí debía de andar su hermana y, si la veía, seguro aquello sería incomodo pues, tal como Gio, sus sentimientos tampoco eran un secreto para su hermana.

—No está tu hermana. —dijo Gio al ver la duda en el semblante de la joven.

—¡No! ¡Mejor no…!

—Tu hermana seguro ya está en casa… —finalmente soltó Gio ante la negativa de la joven.

—¿Seguro ya está en casa? ¿Problemas en el paraíso otra vez? —dijo Diana de manera irónica.

—¿Tan evidentes somos?

—¡Solo un ciego no los vería! —pensó la joven en voz alta —¡Perdón! ¡Perdón! No quise decir aquello.

—Diana, dime una cosa…

Aquella joven mujer se sintió un tanto rara, Giovanni apenas y cruzaba un saludo con ella y, hoy en específico estaba buscando plática, eso sí que de verdad era extraño.

—¿Cómo vas a regresar a casa? —volvió a preguntar Giovanni.

—En taxi, supongo…

—¿A esta hora? —preguntó un tanto sorprendido.

—¡Siempre lo hago…!

—¿Adrián no te llevará de vuelta? —preguntó el joven un tanto molesto.

—Adrián tiene que tocar más tarde…

—No creo que sea buena idea que vayas sola en taxi.

--- Fin del flashback ---

Diana se quedó pensativa mirando la pantalla de su computadora, ya faltaba poco para que se fuese a Nueva York. Llevaba dos años estudiando arte dramático en la ENAT pero, hacia algunos meses atrás, había decidido aplicar para Juilliard y para su gran sorpresa, había sido aceptada.

Aquello había significado una muy buena noticia pues, en Nueva York vivía su padre; además, la distancia, nuevos aires, conocer gente, le ayudarían a olvidar aquel viejo y añejado amor que sentía por Giovanni Barzinni.

Le urgía que el tiempo pasara y rápido, pues tras aquella noche, ya nada se sentía igual.

En su cabeza, el plan sonaba bien, al menos hasta que de la nada sintió que todo se movió, por un momento pensó que estaba temblando, por lo que, rápidamente se levantó de la silla, al hacerlo, unas inmensas ganas de vomitar la hicieron ir al tocador.

Luego de varios minutos, en donde vomitó hasta que creyó que se le habían salido las tripas, se enjugo la boca y salió. La pobre de un momento a otro había pasado de sentirse normal a sentirse terriblemente mal, tal como si alguien le hubiese oprimido un botón.

Los días siguieron pasando entre cansancio, somnolencia y mañanas con nauseas repentinas, las cuales adjudicaba a la cantidad de café ingerido mientras trasnochaba estudiando.

—¡Diana, hija! ¿Qué sucede? Te veo muy pálida, ¿Te sientes mal? —preguntó su madre mirando su cansado semblante.

—No, solo es que me quede hasta tarde memorizando algunas cosas de la escuela…

—¡Dios, Diana! ¡Luces fatal! ¿De verdad vas a aguantar Juilliard? ¡Mirate! Aquí ya luces fatal, imagínate con las exigencias de aquella escuela. —dijo Renata comenzando a minimizar sus esfuerzos.

—¡Porque no te callas! ¿Acaso yo te digo algo sobre tu carrera perfecta? —dijo Diana al tiempo que se levantaba de la mesa del comedor.

—¡Diana, hija! ¡Regresa a la mesa! —dijo Marina al ver como sus dos hijas comenzaban una pelea como de costumbre.

—¡Me voy madre! ¡Ya no tengo apetito! —dijo Diana saliendo camino a la universidad.

Diana tomó las llaves de su auto y condujo hacia la escuela, ya ahí, su mejor amiga la miró y dijo:

—¡Dios! ¡Que carita te cargas! Si no supiera que eres virgen, pensaría que estas embarazada…

Diana al escuchar aquello, sintió que le habían arrojado un balde de agua helada. Inmediatamente saco su móvil, reviso la fecha en el calendario, al hacerlo, sintió como un sudor frio la recorría, pues haciendo cuentas, su periodo aun no llegaba.

—¿Diana? ¿Qué pasa amiga? Me estas preocupando… Dime algo… —expresó Julia al ver el cambio en el semblante de su amiga.

—Hay algo que no te he dicho… —dijo Diana volteando a verla.

Diana al ver que podría estar metida en muy serios problemas, sintió la necesidad de platicarle a su mejor amiga lo que había ocurrido.

—Diana, amiga, ¿Por qué no me habías dicho nada? —preguntó la joven preocupada.

—No lo sé… ¿Crees que me siento orgullosa de contar algo así? ¡Ni siquiera sé lo que sucedió! —dijo Diana mientras tenía la cabeza metida entre las piernas.

—¿Estas segura de que fue en mutuo acuerdo?

—Julia, la verdad es que… No, no sé… No recuerdo nada… —dijo la joven limpiándose las lágrimas.

Julia se preocupó por su amiga, pues su semblante no era nada bueno, así que propuso que saliendo de la universidad fuesen a la farmacia y comprasen una prueba. Aquella joven juraba que su amiga solo debía estar viviendo un cambio hormonal y nada más pero, no estaba de más asegurarse.

Al final, los planes se vieron retrasados debido a una inesperada tarea, por lo que el par de amigas fueron a casa de Diana. La tarea era mucha y tenían cierta hora para enviarla, por lo que desde que llegaron se encerraron y no salieron hasta terminar.

Una vez hecho esto, ambas fueron a la cocina y jurando que los gemelos estaban en clases, su madre estaba en su café y Renata en la universidad, se sintieron en libertad para platicar sobre aquel escabroso tema.

—Diana, amiga, sé que es algo de lo que no te sientes muy feliz pero, no deberías cargar con todo tu sola. Sí en realidad dices que no sabes como sucedieron las cosas, ¿no crees que él pudo poner algo en tu bebida? ¡Maldita sea! ¡Si tan solo ese día te hubiese acompañado!

—¡Julia, no es tu culpa! No sé qué sucedió pero, nunca te culparía. Yo solo sé que bebí dos o tres cervezas, cruce algunas palabras con él y de ahí no recuerdo más…

—Amiga, sé muy bien que amas, adoras e idolatras a Giovanni Barzinni pero ¿Quién te dice que no es un demonio disfrazado de ángel? Jamás te fíes de una cara bonita, amiga esos son los peores.

Julia al ver el rostro contrariado de su amiga remato diciendo algo que vendría a encender una mecha difícil de apagar.

—A ver Diana, amiga seamos honestas, para casi nadie es un secreto que a ti te gusta desde que eran niños, ¿no? ¿Quién no te dice que te puso algo en la bebida para luego llevarte a su apartamento? ¿Quién no te dice que lo que quería era pasar la noche contigo, tener sexo y ya?

Aquel par de amigas platicaban con la libertad de saber que nadie estaba en casa, o al menos eso creían hasta que los gritos de Renata las hicieron darse cuenta de que no era así.

—¿QUÉ DEMONIOS ACABAS DE DECIR? ¡REPITELO! ¿CÓMO DEMONIOS ES QUE TE METISTE CON GIOVANNI?

Diana sintió que las piernas no le respondían y su espalda comenzó a sudar frio, solo reaccionó en el preciso momento en que su hermana le asentó dos fuertes bofetadas.

—¡DIANA! ¡MALDITA SEA! ¿QUÉ M****A HICISTE? ¡DIMELO! ¡DIMELO! —gritó Renata perdiendo los estribos ante lo dicho por aquella amiga.

Julia al ver la reacción se metió entre ambas hermanas, lo que la llevo a terminar en el suelo de un empujón.

—¡TÚ QUITATE, MALDITA IDIOTA! ¡QUITATEEE!

—¡BASTA, RENATA! ¡BASTA! ¡Te juro que no es lo que piensas! ¡Nada es lo que piensas! ¡Escuchaste mal! ¡Escuchaste mal! —dijo Diana al ver a su hermana hecha una fiera.

—¿ACASO CREES QUE SOY IDIOTA? ¿CREES QUE SOY UNA MALDITA IDIOTA? ¡YO CLARAMENTE ESCUCHE LO QUE DIJO ESTA! ¡TE METISTE CON GIOVANNI! ¡TE METISTE CON MI GIO! ¿ES POR ESO POR LO QUE NO HA QUERIDO VERME? ¿VERDAD? ¡MALDITA! ¡MALDITA! ¡NUNCA TE QUEDO CLARO QUE ÉL ME ELIGIO A MÍ! ¡A MÍ! —expresó Renata entre gritos y lágrimas.

En ese preciso momento, Marina y Valeria iban llegando a casa, esta última había pasado a casa a visitar a Renata, pues había visto que llevaba semanas sin ir con Gio y eso le había llamado la atención.

—¿Qué rayos sucede? —dijo Marina al ver que Julia trataba de separar a las dos hermanas pero, era obvio que la furia de Renata la superaba.

Ambas hijas al escuchar la voz de Marina se detuvieron y voltearon a verla.

—PREGÚNTALE A TU HIJA, PREGÚNTALE ¿CÓMO DEMONIOS ES QUE SE ACOSTÓ CON MI NOVIO?

Ambas madres solo pudieron abrir los ojos con horror, pues ellas no daban crédito a nada de lo que acaba de decir Renata.

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