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Capítulo 5: Entre más rápido hagamos esto, mejor…

Diana se miraba al espejo; no daba crédito a lo que se reflejaba en este. Se suponía que este debía ser el día más feliz de su vida o, al menos, eso es lo que muchas personas solían decir; no obstante, la joven mujer que se miraba en aquel espejo distaba de estar feliz: su rostro estaba pálido, sus labios resecos, tenía ojeras y llevaba días con severo dolor de cabeza.

—Sonríe, Diana, sonríe, que esas clases de actuación rindan frutos hoy. —Se dijo a sí misma, tratando malamente de darse ánimos.

Tras aquellas palabras, Diana se puso un poco de brillo labial, puso más atención a lo que se veía en el espejo y llegó a la conclusión de que ahí no había nada extraordinario.

Hoy se había puesto aquel sencillo vestido blanco que había ido a comprar en compañía de Julia, quien aún seguía demasiado apenada con ella, puesto que, si no hubiera abierto su boca, si tan solo hubiese hecho como si nada ocurriera, nada de esto le estaría ocurriendo a su amiga.

Luego de echarle un último vistazo a su habitación, salió de esta con maleta en mano. Iba sola, nadie la acompañaba; su madre no estaba en México, se había ido unos días a acompañar a Renata, quien, luego de enterarse de la decisión de Gio y Diana, se encontraba desecha.

Por otro lado, Giovanni le había prohibido rotundamente invitar a alguien que no tuviese su apellido, por lo que Julia, en definitiva, no se encontraba en la lista de invitados a esa lujosa pero discreta boda.

Al salir de su habitación, se topó con Rafael, el jefe de seguridad que su futuro esposo había mandado para vigilarla. Este hombre de aspecto intimidante y serio vigilaba con lupa todos y cada uno de sus movimientos; ella, al verlo, simplemente dejó salir un suspiro de resignación.

—PREGÚNTALE A TU HIJA, PREGÚNTALE, ¿CÓMO DEMONIOS ES QUE SE ACOSTÓ CON MI NOVIO?

Diana cerró los ojos al escuchar claramente las palabras que su hermana le había lanzado en más de una ocasión. ¿Cómo iba a responder esa pregunta? Sí, ni ella misma sabía lo que había ocurrido aquella noche.

Aquel recuerdo le hizo morder su mejilla interna; la escena en la cocina era algo que se repetía una y otra vez, tal como si fuese una película trabada.

—¡Dios! —dijo ella en voz alta al pensar en todo lo que se le venía encima.

—¿Sucede algo, señorita Montemayor? —preguntó Rafael con interés.

—¿Eh? ¡No! ¡No, nada! ¡Nada, vámonos, ya es hora! No quiero que piensen que logré escapar. —dijo Diana, haciendo que Rafael recordara que ya lo había intentado.

—No juegue con esas cosas; el joven Barzinni no es alguien a quien le gusten este tipo de bromas. —dijo el hombre con seriedad.

—¡Ya lo sé, Rafa! ¡Tu jefe me lo ha dejado bien claro! No pienso escapar; además, aunque lo intentara, no creo poder llegar a la reja de mi casa sin que antes alguno de ustedes ya me haya atrapado.

—Es bueno que tenga claro que tenemos órdenes de cuidar muy bien de usted.

Diana suspiró cansada; no tenía caso decir una sola palabra más. Hoy su familia estaba partida en dos; su madre acompañaba a su hermana Renata y su padre, él había volado para acompañarla, pero, tal como si el destino también la odiara, el vuelo se había retrasado, por lo que se verían hasta llegar a casa de los Barzinni.

—Diana, se acabaron los juegos, lo que hiciste tuvo consecuencias y deberás asumirlas. —dijo su padre luego de aquella plática en donde Marco Barzinni dejó claro que su hijo se haría responsable de sus actos.

—¡PUEDO HACERLO! ¡PUEDO HACERME CARGO DEL BEBÉ! ¡PAPÁ, POR FAVOR, SÉ RACIONAL! ¡YO NO QUIERO CASARME CON GIOVANNI BARZINNI! ¡NO PUEDEN OBLIGARME! ¡SOY MAYOR DE EDAD!

Acto seguido, Esteban le lanzó una fuerte bofetada y dijo:

—Si no querías esto, ¿Por qué demonios terminaste metida en su cama? ¡DIANA, REACCIONA! ¡ESTÁS EMBARAZADA DEL NOVIO DE TU HERMANA! Él y su familia decidieron hacerse responsables del hijo que llevas en el vientre; esto no será un escándalo, así que déjate de niñerías y haz lo que ya se decidió.

—¡PAPÁ! ¿POR QUÉ NO ME CREEN? ¿POR QUÉ PIENSAN QUE YO QUISIERA HACER TODO ESO? DE… DE VERDAD… ¡YO… ¡YO NO SÉ QUÉ OCURRIÓ! -dijo Diana con lágrimas en los ojos.

—¡DEJA DE HACERTE LA VÍCTIMA! Muy bien sabes lo que hiciste; ahora, hazte responsable de las consecuencias.

—¿ASÍ COMO TÚ LO HICISTE CON NOSOTRAS HACE AÑOS?

Al recordar esa plática, Diana no pudo evitar dejar caer una lágrima de decepción y dolor. Ella, para todos, era la mala de la historia, pero, en realidad, ni ella misma tenía la historia completa.

Cuando menos se dio cuenta, la joven mujer ya había llegado a la imponente mansión de los Barzinni; en ese momento supo que ya no había marcha atrás.

En aquel lugar, el ambiente pintaba a ser festivo; todo el personal de limpieza estaba apurado con los preparativos, los adornos y la recepción de invitados; sin embargo, en la habitación que por años había sido de Giovanni, la situación era completamente diferente.

Aquel joven no estaba feliz, se mostraba ausente y serio; él había vislumbrado que esto sucedería, claro, pero no con ella, jamás con ella.

Todo esto le hacía sentir una fuerte opresión en el pecho; su corazón dolía y su mente, esa no paraba de decirle lo idiota que era, de recordarle lo estúpido que fue esa noche y lo infeliz que sería a partir de ahora.

—Gio, hijo, ¿puedo pasar? -dijo Valeria llamando a la puerta.

—¡Adelante, madre! ¿Qué sucede? -dijo el joven, peleándose con su corbata.

—Hijo, solo quería platicar contigo… 

Giovanni trataba de anudar esta, pero, al hacerlo de mala gana, por más que lo intentaba, el nudo no le quedaba como él quería.

—¡Ven aquí! ¡Te ayudo!

—Cariño, si no quieres hacer esto, ¡no lo hagas! Solo te pido que no dejes a la deriva a ese pequeño o pequeña que viene en camino. Tal vez tu padre haya dado la solución que cree que es la correcta, pero tú tienes la última palabra.

Giovani tomó aire y dijo:

—Madre, creo que ya es muy tarde para arrepentirse, ¿no lo crees?

—¡No! ¡Nunca es demasiado tarde! Mira… yo…

—Mamá, se nos hace tarde, el juez ya debe estar allá abajo y Diana debe estar por llegar, por lo que, entre más rápido hagamos esto, mejor.

Valeria miró a su hijo y temió que la historia que ella vivió en su juventud pudiera repetirse. Incluso debía confesar que, días antes de la boda, había hablado con Diana, pero la jovencita era tan terca que se había aferrado a casarse con su hijo y no hubo poder humano que la hiciera decir no.

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Tere VeraAlut no entiendo Diana no quiere casarse dice pero en esta parte dice que ella hablo con Diana y si quería casarse con Vio que es lo que pasa es confuso si podrías aclarar
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