Mundo ficciónIniciar sesiónValeria no podía negar que, ver en ese estado a su hijo, le hacía tener sentimientos no muy correctos hacia su futura esposa, pero, en gran parte de toda esta situación, su amado esposo había impuesto su voluntad y, aun en contra de lo que ella quisiera, hasta su hijo estaba respetando esta dramática decisión.
Aquella mujer reconocía que había hecho terriblemente mal en no contarle a Marco lo que sucedía, pero, en la situación en la que ambos se encontraban en este momento, consideró que aquello solo lo vendría a alterar y dio por hecho que era mejor arreglar las cosas solo entre ellos. El que Diana se hubiese desmayado en su casa aquella noche, solo había venido a complicar todo, pues Marco Barzinni se había enterado de todo lo que ocurría y, la decisión que tomó no era algo que le hubiese sorprendido. --- Flashback --- —¿Usted es Marco Barzinni? —Efectivamente, y ya me cansé de ver que nada más se hacen tontos y no toman las decisiones que deben tomar. —¿Qué decisión? —preguntó Diana un tanto preocupada. —¡Tranquila! Es una solución que a todos nos convendrá… —¿Cómo? —Tú y mi hijo se van a casar… Diana abrió los ojos de sobremanera e inmediatamente negó con la cabeza; aquello en definitiva era una completa locura. —¡No! ¡No! ¿Acaso no escuchó nada de lo que dije? ¡Yo no quiero nada con su hijo! Yo… ¡Yo puedo hacer esto sola! ¡Ya bastante nos hemos arruinado la vida como para que ahora…! ¡No! Definitivamente no voy a aceptar esto. Marco observó a la joven; le quedaba bastante claro que solo estaba diciendo aquello debido a toda la presión, el miedo y la angustia que sentía por la situación, pero eso no quitaba que tanto ella como su hijo debían hacerse responsables de lo que estaba ocurriendo. El hombre tenía claro que, ni ella era tan mala o inocente, ni su hijo era tan ciego e idiota. Si había sucedido lo que había sucedido, era porque ambos lo permitieron y, sería totalmente injusto que uno solo cargara con toda la responsabilidad; esos no eran los valores con los que había criado a su hijo. —Lo escuché todo, mi niña, y lo entendí, pero tú también debes aprender a escuchar. Me queda poco tiempo; tú y mi hijo me están regalando la única oportunidad que tengo para ser abuelo antes de que no pueda recordar ni mi nombre. Por esta razón y, principalmente porque tu hijo lleva sangre de los Barzinni, un apellido que tiene honor y valores, es que no, no voy a aceptar otra solución. Tú te casaras con mi hijo y ese bebé crecerá bajo el apellido Barzinni. —¡No! ¡No! ¡Por favor! ¡Sé que usted es alguien coherente! ¡No me pida algo como aquello! ¡Esto destrozaría a mi hermana…! —dijo Diana recordando el incidente en casa. —Para ser honesto, yo no creo que tu hermana esté sufriendo mucho; digo, antes de buscar una solución, decidió huir, decidió hundirte y huir. Tú y mi hijo se casarán y sí, al cabo de 3 años, si no han podido llevarse bien, aceptaré el divorcio, antes de eso, no. Mi nieto, por otro lado, siempre estará protegido con mi apellido y tú, tú, mi niña, recibirás una muy buena pensión por haber formado parte de esta familia y por ser la madre de uno de mis herederos. Diana miró incrédula, el padre de Giovanni acababa de darle la solución que todos querían, pero que nadie se atrevía a expresar abiertamente. Tras aquellas palabras, Marco Barzinni se levantó de la cama y se dirigió a la sala donde su decisión, cambiaría más de una vida. —¡Marco, cariño! —dijo Valeria al ver llegar a su amado esposo. —¡Buenas noches! —dijo Marco mirando a su alrededor. —Con todo el ruido que había, decidí bajar a ver qué sucedía y me topé con algo que parece ser que querían ocultarme. Valeria sintió un poco de pena; ella simplemente no quería que su esposo se viera envuelto en este problema que bien los dos jóvenes podían solucionar. —Vale, mi vida entiendo que, como todos pueden verme, no gozo de la mejor salud, pero aún estoy cuerdo y puedo tomar decisiones. —¡Marco! —¡Padre! El hombre miro a su esposa, miró a su hijo y luego vio a los padres de aquella aterrada jovencita. —¡Bien! No veo porque debemos darle tantas vueltas al asunto. Todos los aquí reunidos sabemos que es lo que se debe hacer, ¿Por qué nadie se atreve a decirlo? —Señor Barzinni… —dijo Esteban mirando al hombre que ya se mostraba algo cambiado de cómo le conocía. —¿Qué es lo que propone? Marco miró al hombre y dijo: —Señor Montemayor, nos conocemos de años y tanto usted como yo sabemos qué es lo que voy a decir. Luego de eso, Marco Barzinni se acercó al sofá, tomó asiento y dijo: —Señor Montemayor, señora Salas, familia… Ya no le demos más vueltas al asunto; Giovanni se hará responsable de sus actos… Luego de eso, volteó a ver a su hijo y dijo: —Giovanni Barzinni, tú y esa jovencita se van a casar; ella ya tiene 3 meses de embarazo, según lo que escuché, por lo que no entiendo qué tantas esperas para dar la única solución a este asunto. Sabes bien a lo que me refiero, ¿o no? Los Barzinni somos una familia con honor, ¿por qué veo duda en ti? ¿Acaso no eres lo suficientemente responsable para asumir tu parte de culpa? —dijo el hombre con una calma que bien sonaba como advertencia. Marco quiso buscar la mirada de su hijo, pero Giovanni apenas podía darle la cara. El joven sabía el peso de esas palabras, su condición, su salud no eran un secreto, sabía que no podía darle molestias, así que dejando de lado todo lo que creía saber, aceptaría la última palabra de su padre. —Padre, yo… Creo que tú y yo debemos sentarnos a hablar del tema; créeme, todo lo que ha sucedido es una completa locura. —¿Locura, dices? —preguntó Marco mirándole seriamente. —Hijo, locura es que te hagas un tatuaje, locura es que me llegaras a los 15 o 16 con un piercing, llegaras diciendo que ya tenías al amor de tu vida. ¡Eso sí que fue una locura! —Padre… —dijo el joven sabiendo que, si insistía, nada bueno saldría de aquella reunión. —Tu y Diana Salas se van a casar, ese bebé no nacerá sin un hogar, por lo que, es mejor que te vaya quedando claro que, tanto ella tuvo la culpa como tú. Aquí el único inocente es la criatura que ya tiene 3 meses y que no ha tenido ni un día de tranquilidad. --- Fin del flashback --- Valeria miraba por la ventana mientras su hijo terminaba de acomodarse los últimos detalles de su atuendo. Ella no estaba nada a gusto con la decisión de su marido, pero, todo apuntaba a que, en esta ocasión, no había nada que lo hiciera cambiar de opinión. La mujer auguraba un mal futuro para esta pareja, ¿Cómo podría ser diferente? Si su pobre hijo amaba a otra persona. Al ver como Diana llegaba al jardín, no pudo evitar sentir una fuerte punzada en el estómago. Esa jovencita realmente estaba aferrada a su hijo, tanto que incluso cuando Valeria le ofreció dinero para que se fuese sin decir nada y ella lo rechazo. Lo que Valeria desconocía por completo era que, todo lo que Diana estaba haciendo no era por voluntad propia y Giovanni, su hijo, su propio hijo, tenía mucho que ver con aquella negativa.






