Marina vio al par de amigas y decidió salir de la habitación; la mujer se sentía tranquila al ver que Alexa había llegado, pues estas eran mejores amigas; tenía la esperanza de que tal vez si su hija se cerraba con ella, con su amiga no sería igual.
Renata y Alexa, al ver que su madre se retiraba, se soltaron. Renata se levantó de la cama y caminó hacia el ventanal que daba a una maravillosa vista de la Gran Manzana.
—¿Cómo estás? —preguntó Alexa acercándose a ella.
—¿Cómo crees que estoy?
—¿De