Valeria abrazo fuertemente a su hija, que, aunque era una chica alta, hoy después de escuchar su historia, se veía tan pequeña como cuando tenía 5 años y se aferraba a sus piernas.
- ¡Mamá… Jamás imagine que tu hubieses tenido una vida de esa manera! ¡Perdóname todos mis arrebatos!
- Hija… Si te conté aquello, ¡No es para mortificarte! Es para que seas precavida, ¡Tú eres una Pellegrini! Esa familia tarde o temprano lo van a saber, pero quiero que seas cuidadosa con esa gente, el padre de tu pad