Pietro terminó la llamada con la abuela Caterina y entró a la habitación donde Guadalupe estaba sentada.
Él sintió cómo el corazón se le estrujó cuando vio el rostro de su amada, lleno de lágrimas, ese mismo rostro que hoy por la mañana estaba que irradiaba felicidad en sus brazos.
- ¡Mi vida! ¡Ya estoy aquí! ¡Todo estará bien! –dijo Pietro mientras le abrazaba fuertemente.
- Pietro… ¡No, nada está bien! ¡Mi abuelo se ha ido…! -dijo Guadalupe entre sollozos.
- ¡Lo sé, amor, y lo lamento profund