Massimo se sentía impotente ante lo que en su mente pasaba, su madre, su amada madre, había sido mancillada por aquel, que en algún momento fue su modelo a seguir. Con puño cerrado golpeo la mesa de centro, querido imaginar que era Leonardo a quien tenía debajo de él, al final, el que culpara al hombre que había tenido un amorío con su madre no la iba a traer de vuelta, no iba a regresar el tiempo.
— ¡Maldita sea! ¿Sabes que toda mi vida se la dedique a la compañía de esa m*****a familia? — Dijo