Massimo llegaba al Aeropuerto de Mannheim en Alemania, luego de hora y media de vuelo, a su llegada ya lo esperaba un chofer que lo llevaría a Heidelberg. Tras 20 minutos en auto, el hombre llegaba a lo que era la dirección donde vivía Magnus D’Angelo, por un momento titubeo, luego de acomodar sus ideas, toco el timbre, no recibió respuesta, volvió a tocar el timbre y una voz ronca se escuchó por el intercomunicador.
— ¡Guten Tag!
— ¡Guten Tag! ¿Magnus D’Angelo?
Massimo respondió en perfecto