Marco y Valeria ya avanzada la noche se habían movido hacia la habitación que hace un mes compartían, ella no podía negar que extrañaba la calidez del cuerpo de su esposo, tenerlo ahí nuevamente, la hacía sentir segura, se sentía protegida. Sentir la mano grande y fuerte de Marco sobre su pancita hacía que sus bebes se movieran más de lo normal, no sabía si era por emoción o porque les robaba espacio.
A Valeria le costaba abrir sus ojos, pero su sueño se disipó cuando Marco apretó ligeramente su