Minutos después de que Federico recibió la llamada de Marcos, este hombre estaba tocando a la puerta de su casa. Federico abrió y al hacerlo encontró el rostro golpeado de su amigo y compañero y dijo:
— Marco ¿Qué te ha pasado? ¿Con quién te peleaste?
— ¿Puedo pasar?
— ¡Oh! ¡Cierto! ¡Pasa, pasa hijo! Cuando me llamaste no imagine que te encontraras en este lamentable estado.
— ¿Estoy muy mal?
— Bueno, no es algo que vaya a pasar desapercibido a los ojos de tu esposa…
— ¡Ay, Federico! Yo cr