La misma mañana en la que Leonardo Pellegrini estaba reclamando lo que por “derecho” le correspondía, Franco Amato hijo, se presentaba en las oficinas de la policía en Lazio, el hombre llevaba en silla de ruedas, lo que quedaba de un hombre senil, esa persona que a duras penas se sostenía en el respaldo de la silla, no era otra persona que Franco Amato padre.
El hombre iba drogado, y ya parecía más viejo de lo normal. El hombre pensaba dentro de sí mismo: “Estoy peor que cuando ese desgraciado B