POV: Helena
El estruendo me golpeó en el pecho con la fuerza de un puñetazo. El detonador. La señal de radio. El final de la farsa. Franco Moretti, el hombre que me había destrozado y que, en un giro perverso del destino, acababa de confiarme la vida de nuestra hija, estaba ahora oficialmente muerto para su enemigo.
Me detuve en seco, el pánico golpeándome. No era el miedo a la sangre lo que me paralizaba; era la conciencia de que la pieza central del juego, el cerebro controlador, acababa de a