Oscureció, y para mi desgracia no logré armar mi tienda a tiempo; seguía con la misma ropa mojada, hambrienta y con el dolor profundo de haber quedado sin celular.
Resignada lancé las varas de soporte de la tienda y me senté sobre un tronco viejo.
─ ¿Te ayudo? ─se ofreció Laura.
─Gracias Lau, pero no, quiero hacerlo sola.
─Llevas una hora intentando armar eso y haz podido.
─Ya podré ─froté mis manos para pescar algo de calor.
─Eres terca y obstinada ─dijo ella y me lanzó una toalla ─. Vamos, sé