Disfrutamos del fresco aire nocturno y del sonido lejano de la música que sale de algún bar cercano.
—Es una noche preciosa —digo, mirando hacia el cielo estrellado—. Gracias por acompañarme, Blake.
Blake sonríe, en sus ojos azules se refleja la luz de la luna.
—Siempre es un placer pasar tiempo contigo, Mía.
Después de unos minutos de silencio cómodo, me detengo y miro a Blake con seriedad.
—Blake, necesito pedirte algo.
El rubio, levanta una ceja, curioso.
—¿Qué pasa?
—Quiero que me des tod