William, está pensativo, y yo estoy atacada esperando su respuesta. Al no responderme, le vuelvo a preguntar:
—William, ¿qué pasó anoche?
William levanta la vista, y puedo ver en sus ojos confusión.
—No lo sé, Mía. Estaba tan borracho que no recuerdo nada —admite.
Comienzo a sudar, mi respiración se acelera. La incertidumbre me está matando.
—Tranquilízate, Mía —me ordena, acercándose a mí y tomando mis manos—. No te pongas nerviosa, por favor. Voy a ir al dormitorio a buscar alguna evidencia