Desde el ventanal, James me observa con una intensidad que me hace hervir de rabia. ¿Cómo se atreve a mirarme así después de todo lo que ha pasado? Mi corazón late con fuerza, y cada latido parece gritarme que lo enfrente, que le diga todo lo que siento.
Estoy a punto de dar el primer paso hacia él cuando una mano firme me detiene. El señor Blake, con su expresión serena me mira a los ojos.
—No puedes meterte en problemas el primer día, Mía. Entiendo lo que sientes, pero no puedes hacerlo.
Las