—¡Hay que llevarlo a un hospital!—gritó Arlet, al ver toda la sangre que manchaba las ropas del hombre.
Luke cerró los ojos con fuerza y presionó el punto exacto de la herida, como si de esa forma pudiese evitar que la sangre se escurriera. Simplemente, no quería hacer un escándalo de esto, pero lo cierto era que…
—¡No!—volvió a gritar la joven, al ver cómo el hombre se desplomaba ante sus ojos.
Un grupo de sujetos lo trasladaron a un vehículo cercano, uno que no era el mismo en el que habían