Arlet tocó su cabeza con ambas manos, sintiendo como la misma palpitaba. Le dolía demasiado.
«Maldita mujer», pensó recordando cómo había entrado y le había jalado el cabello. Ella quiso defenderse, por supuesto que sí, pero no era más que una joven debilucha en contra de una mujer que seguramente ya pasaba los treinta años.
Aquel incidente siguió repitiéndose con mayor frecuencia a medida que transcurría la semana. Arlet se dio cuenta así de que algo andaba mal, era bastante evidente.
—¿Est