Ni siquiera sé con qué fuerza abandone la sala y evite decirle un sí rotundo, baje las escaleras presuroso, pasando por alto el hecho de que tenía que volverme a conectar y me quede por unos segundos meditando. No los valía, era evidente que estaban engatusándome con un truco hermoso y muy bien trabajado, tal como una polilla que se acerca a una linterna esperando reconfortarse con su calor ante la frialdad de la noche, solo que el mismo es tan intenso que acaba por carbonizarla.
Mi libertad no