La burocracia empresarial siempre es molesta, subimos las escaleras con una mezcla curiosa entre felicidad y fastidio. Por un lado, venia el fin de semana y estaríamos una hora entera sin lidiar con los clientes, por el otro, representaba una perdida rotunda de tiempo, pues siendo honestos no iba a ser algo relevante. Una cosa que yo tenía es que las ilusiones se me iban rápido y no creía para nada en las promesas.
—Siéntense tranquilos muchachos Olesia y yo venimos en un momento —Indicó Corina