Fue Renzo quien lo dijo primero.
No a mí. A Alejandro, en una conversación que yo no presencié pero que Alejandro me contó esa tarde con la expresión de quien acaba de recibir información que no esperaba pero que, ahora que la tiene, no puede no tenerla.
Estábamos en la cocina de la casa de Alejandro, con café que se enfriaba y la luz de la tarde de marzo entrando por la ventana, cuando me lo dijo:
—Renzo cree que hay movimiento interno.
Lo miré.
—¿En qué?
—En la estructura —dijo—. Los hombres