Jack Parte lV.
Durante los siguientes tres años, viví tranquilo. Bastaba con un beso rápido para mantener el olor, una apariencia normal ante los demás. No importaba quién fuera la chica: no aprendía sus nombres, no recordaba sus rostros. Era un simple intercambio necesario, una rutina más. Un beso, un favor, una mentira conveniente.
No había emoción en ello. Ni culpa tampoco. Solo un método que funcionaba.
Pero todo cambió el otoño en que cumplí quince y viajé al Reino del Norte para pasar unos días con mis