Jack parte lll.
No insistí en conocerla, y la reina Lily ni el rey Cole la mostraron en todo el tiempo que estuve en su reino. Lo dejé pasar; después de todo, no era asunto mío la notable ausencia de la nueva princesa.
Pasaron dos años.
En ese tiempo, mis amigos me escribieron decenas de cartas. En cada una hablaban sobre lo increíble que era su hermana. Lo bonita. Lo regordetes que eran sus mejillas. Su mejor rasgo, según ellos, eran sus ojos: un tono violeta brillante que nunca se cansaban de mencionar.