Capítulo 31.
-¡El número cuarenta y dos sigue en pie!- Gritó uno de mis tíos.
La multitud enloqueció cuando paré su siguiente patada con ambas manos.
Intenté desequilibrarlo, pero el lobo leyó mi mente y giró todo su cuerpo para zafarse de mi agarre.
Salté hacia adelante para golpear lo que suponía era la ubicación aproximada de su cuello.
Desvió mi ataque con uno de sus brazos.
No me desanimé y lancé una patada hacia arriba, justo a su pecho pero solo golpeé el aire. Giré para esquivar su prop