El sol abrasaba el aire afuera del hospital, mientras dentro el ritmo de la urgencia no se detenía. Médicos, enfermeras y personal se movían con rapidez, cada uno cumpliendo su deber, convirtiéndose en puentes de esperanza para quienes se aferraban desesperadamente a la vida.
En el último piso, en una habitación VVIP accesible solo con permiso directo del presidente del Grupo Alexander, el ambiente era distinto. Allí, un equipo de médicos y enfermeras vigilaba las veinticuatro horas del día a u