Damian aún no había soltado su abrazo, incluso después de terminar la historia sobre su primer encuentro con Brown: un chico flacucho que, a pesar de ser varios años menor, casi igualaba su estatura en aquel entonces.
Un beso suave cayó sobre la cabeza de Livia. Ella no se resistió; al contrario, el abrazo de Damian se sentía más cálido que el sol de la mañana que jugaba con las puntas de su cabello.
Livia sonrió, imaginando la cara confundida de Brown en aquel momento, intentando descifrar qué