Jenny intentó disimular su sorpresa y vergüenza con un puchero, haciendo berrinche como una niña mimada. Livia no pudo evitar sonreír ante las ocurrencias de su cuñada.
—¿Por qué no dijiste que venías a verme? Podríamos haber regresado juntas. Así no habrías tenido problemas en la entrada —canturreó Jenny, entrando como si fuera la estrella del reencuentro. Luego, con una sonrisa comprensiva, añadió—: Perdón, a veces pueden ser un poco… intensos.
—Jajaja, no pasa nada. Solo están haciendo su tr