Livia se removió en el sofá.
La televisión estaba encendida, pero como casi nunca la veía, no tenía idea de qué poner ni qué disfrutar. Aun así, la dejó de fondo, solo para llenar el silencio.
Seguía atrapada en casa, todavía sin permiso para retomar su rutina normal. Pero ese debía ser su último día: su periodo casi había terminado, apenas quedaban unas leves manchas.
¡Por fin, mañana seré libre!
Libre de este dolor de cabeza insoportable. ¡Hmph! Sentía que su idea de libertad se reducía cada