Al cerrar la puerta, Livia soltó un suspiro profundo.
¿Cómo puede estar tan tranquilo estando desnudo frente a mí? Soy su esposa, no su sirvienta… pero aun así, es vergonzoso.
Al pasarle el recado al mayordomo, notó la tensión en su expresión. Él enseguida llamó al personal de cocina, y el lugar estalló en una frenética actividad.
—Así que el aceite tiene que hacerse fresco primero. Maldito loco —murmuró Livia en voz baja.
Si hay que preparar los fideos desde cero cada vez, ¿para qué demonios t