Livia salió del baño secándose las manos con una toalla pequeña. Damián ya estaba en la cama, hojeando distraídamente su teléfono. En cuanto la notó, le lanzó una toalla directo a la cara.
—Sécame el pelo.
Livia se mordió el labio, atrapó la toalla y obedeció en silencio.
En el desayuno, el mayordomo retiró con respeto la silla principal para Damián. Jenny ya estaba sentada a su lado.
—Muévete, Jen —ordenó Damián, con voz fría y cortante.
Jenny se quedó helada, lanzando una mirada fulminante a