Damian bajó las escaleras con un silbido suave y un tarareo satisfecho, como un recién casado saliendo de la alcoba nupcial.
Se detuvo en la entrada de la sala de televisión.
—¿Es ella? —preguntó al ver a una figura nerviosa de pie junto al sofá, con la cabeza agachada.
El señor Matt dio un paso al frente.
—Sí, joven amo. Ella es Maya.
Damian se acercó con calma y se dejó caer en el sillón.
En ese mismo momento, el asistente Brown salió del despacho, y con su sola presencia el aire se volvió má