Mientras tanto, el edificio del Grupo Alexander estaba lleno de actividad. Los empleados iban y venían por los pasillos, cumpliendo con sus tareas para ganarse el sueldo del mes.
En el último piso, dentro del ascensor presidencial, Damian estaba de pie junto al asistente Brown.
—¿Dónde está Leela? ¿Qué hace ahora? —preguntó Damian con aparente casualidad.
—Va camino al aeropuerto. Le ordené que se encargara del problema en la sucursal de transporte fuera de la ciudad —respondió Brown.
—No. Canc