Cuando Livia vio a Damian sentado junto a Helena, algo dentro de ella se quebró. Una extraña oleada de celos le inundó el pecho, punzante y ardiente. No sabía de dónde venía… pero estaba ahí.
Gruñó en voz baja, con los ojos fijos en la pantalla del televisor. En su corazón, los maldijo a ambos.
Jenny y Sophia se miraron con nerviosismo. El rostro de Livia había cambiado. Su expresión era fría, la mandíbula apretada, y su silencio demasiado ruidoso.
—Cuñada… pero el hermano Damian parece sorpren