La lluvia empapaba las ropas de Agna y sus dedos se hundían en el barro mientras intentaba acercarse a Kort, a rastras.
Él la veía con una sonrisa maliciosa y demencial y comprendió, tardíamente, que ella también estaba siendo objeto de su venganza.
Probablemente la odiaba tanto como a Kaím.
—¡Lo lamento, Kort! Ha pasado muy poco tiempo, el calor de Kaím todavía no se ha enfriado de mi cuerpo, pero lo hará algún día. Y ese día estaré lista para retomar lo que una vez tuvimos. Por favor, entr