SOFIA
Ella no pertenecía a la casa. Lo supe en el instante en que la vi cruzar el atrio.
Aunque no era solo su apariencia, eso sin duda influyó. Su elegancia era intencionada y sofisticada, no funcional ni uniforme como la del personal. Se movía con una seguridad que no provenía de seguir una estructura, sino de saber que era ella quien podía romperla. Nadie la guiaba; nadie corregía su camino. Caminaba por el espacio denso y silencioso como si el aire mismo se adaptara a ella.
Aquello era nuev